Era como un refugio, uno de esos lugares al
que van los viajeros aventureros a descansar, el clima era de esos nublados,
fríos, después de una lluvia, cuando solo anhelas una taza de café, un
chocolate, una mantita, un abrazo para después, lleno de árboles por todos
lados, yo caminaba por las veredas grises, entre los charcos que habían formado
esas gotas como lagrimas llenas de seducción, entre las mesas de madera se
encontraban los chicos, las chicas, las cervezas, las drogas, las parejas,
reían a voz en cuello, eran las 5 de la tarde, llevaban todo el día bebiendo,
Joan abrazaba a Andrea, a lo lejos se escuchaba música pachanguera, ya
sabes tú, de esa, esa que te da ganas de
ponerte a bailar, en medio de alcohol y buenos sentimientos, Willy sentado al
costado, y julio siendo efusivo en sus palabras, como siempre, una vez más, pero
reinaba la paz, la paz por los arboles cuando seguí caminando, no era muy
grande, ni muy pequeño, pero yo siempre, como siempre, seguía buscando y
caminando, me desconecté una vez más, dije que volvería, que estaba yendo hacia
“allá”, señale los cuartos, como cada hospedaje tiene, con ventanas
transparentes, árboles y maderas y cipreses, sabía que me esperaba, me
esperaba, me esperaba, empuje la puerta que se encontraba entreabierta, la cama
con la colcha azul se encontraba previamente ocupada, sentados estaban ellos,
los chicos, las chicas, los amigos, las amigas, veían una película, saludaban
con la voz, las maletas estaban acomodadas, querían beber, querían todo…yo solo
quería descansar…
Karol prendió un
cigarrillo, dijo que solo quería tomar, salieron entonces todos, nos dejaron a
él y a mi solos, todos efusivos se fueron a tomar, la velada de la semana de
ese viaje poco planeado, producto de un contratiempo, producto de la verdad, la
necesidad de escapar y de irnos cada día más lejos, era esa velada la que no
empezaba a abrazar, nos miramos, sonreímos, apoye mi cabeza en la almohada roja
de puntos blancos, el televisor mostraba una película cuya trama completa era
muy difícil de adivinar, el me abrazo y se echó a mi lado, me miró con esos
ojos brillantes y expresivos, con su inocencia pintada y sin poder hablar, yo,
nerviosa y asustada como empezaba a sucederme desde que cerré cada huequito de
mi alma, y eso de empezar a descongelarse no se había vuelto una opción, le
miré también, con mi expresión de niña engreída y asustada y feliz, de esa que
sabes que con tan solo una pestañeada podrás hacer que el mundo se ponga a tu
manera, a tu gusto, a tu escuela, lo miré con mi expresión de quiéreme, lo miré
con mi expresión de soy muy niña, ignora mi talla, ignora mi cuerpo, ignora mi
vida, solo quiéreme a mí, a esa que soy hoy, a la que tienes aquí, a esta niña,
que necesita mucho amor, necesita TÚ amor… y con la voz aguda, melosa e
inocente le dije, “me siento cansada…solo quiero dormir…te quedas conmigo?”…lo
mejor de todo fue que no pensó dos veces, solo asintió con la cabeza mientras
me tapaba con esa mantita amarilla de flores verdes, y mientras acariciaba mi cabello, me dormí…