miércoles, 5 de septiembre de 2012

El cuartito de seguridad.



 Era como un refugio, uno de esos lugares al que van los viajeros aventureros a descansar, el clima era de esos nublados, fríos, después de una lluvia, cuando solo anhelas una taza de café, un chocolate, una mantita, un abrazo para después, lleno de árboles por todos lados, yo caminaba por las veredas grises, entre los charcos que habían formado esas gotas como lagrimas llenas de seducción, entre las mesas de madera se encontraban los chicos, las chicas, las cervezas, las drogas, las parejas, reían a voz en cuello, eran las 5 de la tarde, llevaban todo el día bebiendo, Joan abrazaba a Andrea, a lo lejos se escuchaba música pachanguera, ya sabes  tú, de esa, esa que te da ganas de ponerte a bailar, en medio de alcohol y buenos sentimientos, Willy sentado al costado, y julio siendo efusivo en sus palabras, como siempre, una vez más, pero reinaba la paz, la paz por los arboles cuando seguí caminando, no era muy grande, ni muy pequeño, pero yo siempre, como siempre, seguía buscando y caminando, me desconecté una vez más, dije que volvería, que estaba yendo hacia “allá”, señale los cuartos, como cada hospedaje tiene, con ventanas transparentes, árboles y maderas y cipreses, sabía que me esperaba, me esperaba, me esperaba, empuje la puerta que se encontraba entreabierta, la cama con la colcha azul se encontraba previamente ocupada, sentados estaban ellos, los chicos, las chicas, los amigos, las amigas, veían una película, saludaban con la voz, las maletas estaban acomodadas, querían beber, querían todo…yo solo quería descansar…
Karol prendió un cigarrillo, dijo que solo quería tomar, salieron entonces todos, nos dejaron a él y a mi solos, todos efusivos se fueron a tomar, la velada de la semana de ese viaje poco planeado, producto de un contratiempo, producto de la verdad, la necesidad de escapar y de irnos cada día más lejos, era esa velada la que no empezaba a abrazar, nos miramos, sonreímos, apoye mi cabeza en la almohada roja de puntos blancos, el televisor mostraba una película cuya trama completa era muy difícil de adivinar, el me abrazo y se echó a mi lado, me miró con esos ojos brillantes y expresivos, con su inocencia pintada y sin poder hablar, yo, nerviosa y asustada como empezaba a sucederme desde que cerré cada huequito de mi alma, y eso de empezar a descongelarse no se había vuelto una opción, le miré también, con mi expresión de niña engreída y asustada y feliz, de esa que sabes que con tan solo una pestañeada podrás hacer que el mundo se ponga a tu manera, a tu gusto, a tu escuela, lo miré con mi expresión de quiéreme, lo miré con mi expresión de soy muy niña, ignora mi talla, ignora mi cuerpo, ignora mi vida, solo quiéreme a mí, a esa que soy hoy, a la que tienes aquí, a esta niña, que necesita mucho amor, necesita TÚ amor… y con la voz aguda, melosa e inocente le dije, “me siento cansada…solo quiero dormir…te quedas conmigo?”…lo mejor de todo fue que no pensó dos veces, solo asintió con la cabeza mientras me tapaba con esa mantita amarilla de flores verdes,  y mientras acariciaba mi cabello, me dormí…

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